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Vuelvo para quedarme, si nada lo impide.

Después de algo así como un mes (quizá algo más) he vuelto. Ya estoy de nuevo al mando de las benditas redes sociales. Cómo las he echado de menos. Ni os imagináis lo duro que es para alguien como yo no poder acceder a las redes. Porque yo, a diferencia de otros muchos, reconozco que soy una adicta (con todas las letras) a las redes sociales. Sí, estoy enganchada. Ya lo he explicado muchas veces, y es que pienso que lo que hay detrás de cada cuenta de Twitter o Instagram es una persona. Y eso me encanta. Conocer gente de mil lugares diferentes. También es cierto que hay mucho gañán, pero como en todos los sitios del mundo. Digo yo.

Pero vamos, que este no era el tema. Hace mucho tiempo que no escribo en primera persona y me apetecía hacerlo.

Durante este tiempo se me han acumulado varias cosas. He estado sin conexión a internet. Sí, queridos compañeros de Vodafone, habéis tardado exactamente 19 días (con unas cuantas llamadas de teléfono para presionar de por medio) en ponerme la maldita línea en mi casa. Vamos, lo que viene siendo un sencillo cambio de dirección. Porque esa es otra, ¿alguna vez habéis hecho una mudanza? Es una tortura que no le deseo ni a mi peor enemigo. Toda una vida en Madrid metida en cajas de cartón y bolsas de basura. Cuando llegas a tu nuevo hogar, tan bonito, tan vacío y diáfano… qué poquito dura. Comienzas a meter cosas como si no hubiese un mañana y de repente te ves nadando en un mar de ropa, libros y cacharros varios que no sabes dónde meter. Algún día, cuando tenga todo colocado y me vea con fuerzas, hablaremos largo y tendido sobre las mudanzas.

No tenía muebles, por lo que me he pasado una semana sentada en el suelo, apoyada en una bolsa de chaquetones y viendo la televisión que estaba colocada sobre una de las cajas de platos.

Si a esto le añadimos que cuando alguien se queda con tu dinero tienes que hacer malabarismos para sobrevivir al fin de mes… os podéis imaginar la situación.

¡Pero, tranquilos!, que aquí no acaba la cosa. Porque las películas nos han enseñado que las cosas siempre pueden empeorar. En mi nuevo hogar he estado cuatro largos días sin agua caliente ni calefacción. Resulta que había una hiper-mega-súper fuga de gas en el edificio, porque a nadie le había dado por revisar una de las tuberías durante años. Así que, lógicamente, se pudrió sin que nadie se diese cuenta. No sabéis lo fría que está el agua de Madrid en estas fechas. Yo lo he comprobado en mis propias carnes al ducharme con ella. No era frío, era dolor. Como si me clavaran alfileres muy juntitos en el cuero cabelludo.

Al final todo se ha arreglado. Casi lloro de la emoción cuando he abierto el grifo y ha salido el agua caliente.

Pero no todo ha sido malo. También he tenido buenas noticias, por eso de una de cal y una de arena. El pasado día 12 de Noviembre se estrenó (¡Por fin!) la película en la que trabajé, “La final”. Fue genial volver a ver al equipo y además caras conocidas que no esperaba por allí. Pero de esto hablaremos más adelante.

También me ha llegado otra buena noticia. Oficialmente soy una de las 12 finalistas de Chica Interviú 2015. Es decir, que nos vamos de gala. En cuanto tenga fecha y más datos os lo diré. De momento publicaré un post explicando todo el funcionamiento, para que estéis al día y enterados de todo. ¡Ah!, y os dejaré el link para que votéis por una servidora. Porque, hombre, ya que estáis, votad por mi aunque os guste más otra. Que me estáis leyendo a mí, majos.

Parece ser que (no quiero gafarlo) todo ha terminado bien. Ahora me voy a poner manos a la obra para subir todos los post que han quedado pendientes.

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